45 ANIVERSARIO DE LAS FARC-EP
MANUEL VIVE
Por: SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP / MONTAÑAS DE COLOMBIA
Las circunstancias políticas son propicias para el accionar del Movimiento armado y el Movimiento Bolivariano. Manuel Marulanda Vélez
En este pensamiento de Manuel está pintada el alma de las FARC como bandera al viento. Hace 45 años surgimos en las alturas de Marquetalia, la montaña de la resistencia de los pueblos, buscando paz para Colombia, justicia y dignidad. Desde entonces somos la respuesta armada de los desposeídos y los justos a las múltiples violencias del Estado.
La paz es nuestra estrategia, y el accionar del Movimiento armado empuñando la bandera de la alternativa política, la táctica para llegar a ella. Lo decimos también con la palabra de fuego de Bolívar: “la insurrección se anuncia con el espíritu de paz. Se resiste al despotismo porque éste destruye la paz, y no toma las armas sino para obligar a sus enemigos a la paz”. Por ella entregaron su vida Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Efraín Guzmán, Raúl Reyes, Iván Ríos y toda esa invencible legión de comandantes y combatientes a quienes hoy recordamos con veneración. Para todos ellos, honor y gloria en este aniversario de las FARC.
“Aquel que asegura su honor -decía el Libertador- dedicando su vida al servicio de la humanidad, a la defensa de la justicia y al exterminio de la tiranía, adquiere una vida de inmortalidad al dejar el marco de la materia que el hombre recibe de la naturaleza. Una muerte gloriosa triunfa sobre el tiempo y prolonga la sublime existencia hasta la más remota posteridad”… Es lo que ocurre con todos ellos, que a pesar de haber partido siguen vivos en los fusiles y el proyecto político de las FARC, con Bolívar combatiendo por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo, hombro a hombro con el pueblo y sus guerrilleros.
Queremos el país que vislumbran el Manifiesto de las FARC y la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia. Lo queremos surgido de un Gran Acuerdo Nacional hacia la Paz rubricado por todas las fuerzas dispuestas a protagonizar el cambio de las injustas y anacrónicas estructuras, sin exclusiones. Emanado de un pacto social rodeado de pueblo que instrumente la articulación de una alternativa política con miras a la conformación de un nuevo gobierno nacional, patriótico democrático, bolivariano, hacia el socialismo. Sí, hacia el socialismo, que es justicia y redención de pueblos, el arca de salvación de la humanidad frente al hundimiento del sistema capitalista mundial.
La dignidad de Colombia y el rescate del sentimiento de patria reclaman un nuevo liderazgo que privilegie la unidad y el socialismo al avanzar hacia el horizonte futuro. Un nuevo grito de independencia nos convoca mostrándonos el campo de batalla del Ayacucho del siglo XXI donde flamea la certeza del triunfo de la revolución continental, la de Bolívar y nuestros próceres.
Es hora de superar la vergüenza nacional que significa un gobierno ilegítimo e ilegal, generador de muerte y de pobreza. Un gobierno que apoyado por el de Washington, sólo actúa para perpetuar la guerra y la discordia mientras garantiza a sangre y fuego la seguridad inversionista a las trasnacionales que saquean nuestros recursos. Un régimen apátrida, que a pesar del alto número de tropas norteamericanas que intervienen en el conflicto interno de Colombia, permite que nuestro suelo sagrado sea hollado por más tropas extranjeras, las expulsadas de Manta, permitiéndole a los Estados Unidos operar en esta tierra una base de agresión para el asalto a los pueblos hermanos del continente. Un gobierno desvergonzadamente narco paramilitar, que ya no se inmuta ante las contundentes confesiones de capos paramilitares que aseguran, como “Don Berna”, haber financiado con dólares de la cocaína las campañas presidenciales de Álvaro Uribe Vélez. Un gobierno y un Presidente que convirtieron el Palacio de Nariño en oscuro antro de conspiración entre mafiosos para desestabilizar a la Corte, obstruir a la justicia y dejar sin efecto la independencia de los poderes públicos. Que extraditó a los Estados Unidos a los cabecillas paramilitares cuando estos empezaron a vincular al entorno de Uribe, a los generales, a los empresarios y a los ganaderos, en la estrategia paramilitar del Estado que aún desangra a Colombia.
El país nacional no sale del asombro ante el autismo de la Fiscalía que prefiere clavar su cabeza en la arena para no emprender ninguna acción de responsabilidad penal contra las empresas Chiquita Brand -la misma de la masacre de las bananeras en 1928- la Drummond, Postobón, Brasilia, Carbones del Caribe…, denunciadas por el jefe paramilitar Salvatore Mancuso como financiadoras del paramilitarismo. El mismo Cabecilla ha revelado que la masacre de la Gabarra en la que fueron asesinados 40 campesinos, perversamente atribuida a la guerrilla para desprestigiarla, fue realmente ejecutada por los paramilitares, el ejército y la policía.
La máscara ha caído. A Uribe lo ronda insistente el fantasma de Fujimori condenado en el Perú a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad. Prevé que los cobardes asesinatos de civiles no combatientes, estimulados por la insania de mostrar a todo trance resultados con sangre de su política fascista de seguridad, no quedarán en la impunidad. Claman justicia al cielo el desplazamiento forzoso de más de 4 millones de campesinos, el despojo de sus tierras, las miles de fosas comunes, y la vinculación del presidente a masacres de indefensos ciudadanos. El jefe paramilitar que denunció la responsabilidad directa de Uribe en la espantosa masacre de El Aro, Antioquia, acaba de ser asesinado para satisfacción del tirano del Palacio de Nariño Sabe que tarde o temprano tendrá que responder por sus crímenes.
Debe ser revocado el mandato de un presidente que ha impuesto el deshonroso récord de tener a más del 90% de su bancada parlamentaria vinculada al proceso de la narco-parapolítica; que mantiene como ministros de Estado a delincuentes de cohecho; que utiliza el poder para enriquecer a sus hijos, que convierte el servicio diplomático en refugio de asesinos como el general Montoya tantas veces denunciado, y que promueve referendos inconstitucionales para perpetuarse en el poder como mecanismo de escape a la justicia. Uribe es un verdadero bandido amparado tras la banda presidencial.
Cuántos problemas internacionales ha generado su absurda pretensión de trasnacionalizar la política fascista de seguridad con la que el gobierno de Colombia se cree en el derecho de actuar extraterritorialmente en desarrollo de su particular visión y de su estrategia contrainsurgente, por encima de los pueblos y sus gobernantes, pisoteando la soberanía de las naciones y desestabilizando la región, siempre apoyado por el gobierno de Washington.
Quiere incendiar al país indefinidamente con el fuego de la guerra y de la violación de los derechos humanos aferrado a la quimera del triunfo militar. Con inconsecuencia niega la existencia del conflicto político y social, pero coloca su enfermiza ilusión en el Plan Patriota del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, creyendo inútilmente que la inconformidad social puede ser abatida a tiros y tecnología militar de última generación.
Incrementar el pie de fuerza a más de 450 mil efectivos por cuenta de la mayor ayuda militar de los gringos en el hemisferio no lo mantendrá en el poder, porque así lo dice la experiencia histórica y la sensatez. “Los pueblos que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”. Pero además un gobierno desprestigiado, amarrado a la ilegitimidad y acosado por la crisis del capitalismo mundial es un gobierno condenado al fracaso.
La Colombia de hoy no quiere el guerrerismo ultramontano del gobierno. Quiere soluciones al creciente desempleo y la pobreza. Reclama la inversión social sacrificada en aras de la guerra. Pide educación, vivienda, salud, agua potable, derechos laborales, tierra, carreteras, electricidad, telefonía y comunicaciones, mercadeo de productos, renacionalización de las empresas que fueron privatizadas, castigo a la corrupción, soberanía del pueblo, protección del medio ambiente, democracia verdadera, libertad de opinión, liberación de presos políticos, fin a la irracional extradición de nacionales que mantiene de rodillas la soberanía jurídica, información veraz, relaciones internacionales de respeto recíproco entre las naciones, integración y Patria Grande, justicia social y paz.
Uribe le teme, como el diablo al agua bendita, al clamor creciente de los que piden paz, castigo a los crímenes de Estado, y nuevo gobierno. Por eso exige con angustia que el tema de la paz sea proscrito del debate electoral que se avizora. Es la locura y el absurdo transfigurados en un mandatario que quiere encadenar el país a sus odios y resentimientos. Nadie podrá desligar de un proyecto de nueva sociedad y de gobierno, la paz que anhelan las mayorías nacionales. Ella es la bandera que unirá a los colombianos contra la tiranía, la guerra y la injusticia.
Todos debemos estar alerta para impedir la maniobra uribista de cambiar al actual Registrador Nacional por uno de sus serviles. La única esperanza del guerrerismo hirsuto ante el anhelo de las mayorías, es el fraude. Y es lo que debemos impedir ahora, ya que éste fue amo y señor de las elecciones del 2002 y del 2006. La reelección de Uribe es un asqueroso monumento al dolo y a la estafa erigido por el ex director del DAS Jorge Noguera, y el capo narco-paramilitar Jorge 40. En las 4 millones de firmas recogidas por los uribistas a favor del referendo con apoyo de dineros de DMG, están estampadas las firmas de un millón y medio de muertos. Eso es fraude y robo.
Fraude a la opinión es también la peregrina fábula de la derrota militar de la guerrilla, argumento falaz, pariente de los “falsos positivos”, utilizado en el fondo para justificar los terribles desafueros del Estado contra la población civil. Como siempre quisieron con Manuel Marulanda Vélez, han querido matar a las FARC con los fusiles del deseo y el ensordecedor tableteo de las rotativas. Ninguna guerrilla puede ser exterminada con disparos de tinta. No hay era del post-conflicto sino en el sueño delirante del guerrerismo sin futuro de un régimen en decadencia.
Desde las montañas de la resistencia, como lo hemos venido haciendo desde hace 45 años, convocamos a los colombianos a movilizarse resueltamente por la paz, la que nos negaron los santanderistas y el imperio washingtoniano cuando mataron a Bolívar y a la Colombia de la unidad de pueblos en 1830. El pasado cuenta en la construcción de la sociedad futura. Nadie nos puede desligar del destino señalado por el Libertador en los orígenes de la República. La incitación del senador Álvaro Gómez Hurtado a comienzos de la década del 60 a someter a sangre y fuego, lo que consideró “República Independiente de Marquetalia”, no ha sido suficiente para entender que los problemas nacionales no se solucionan a través de la violencia del Estado. Hay que construir una Nueva Colombia sobre el sólido cimiento de la paz concertada.
El Gran Acuerdo Nacional hacia la Paz debe tener como norte estratégico la formación de un nuevo gobierno que garantice al pueblo “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de garantías sociales y la mayor suma de estabilidad política”, como lo exigía el Libertador. Un gobierno patriótico, democrático, bolivariano, hacia el socialismo, como lo consigna la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia.
Como garantía de paz y de soberanía nacional debemos erigir unas nuevas Fuerzas Armadas compenetradas con la doctrina militar bolivariana que inculca el amor al pueblo y el odio a la tiranía. No debemos olvidar que el ejército patriota fue el creador de Colombia y la República en las fulgurantes victorias de Boyacá y de Carabobo, y que su comandante Bolívar lo definió como “defensor de la libertad”, agregando que “sus glorias deben confundirse con las de la república, y su ambición debe quedar satisfecha al hacer la felicidad de su país”. Así deben ser las nuevas Fuerzas Armadas y estamos seguros que muchos de los actuales oficiales sueñan con jugar ese papel.
Nos solidarizamos con la justa lucha de las familias de los soldados regulares que reclaman el derecho a no ser obligados a entrar en combate mortal con la guerrilla. La guerra que niega el gobierno para no reconocer el carácter político de la insurgencia que lucha por el poder, en el sólo mes de marzo produjo 297 militares muertos y 340 heridos. Llamamos a los soldados a no dejarse utilizar más como carne de cañón defendiendo unos intereses que no son los suyos sino los de una oligarquía podrida y criminal, insolidaria, que muy poco hace por ellos si caen prisioneros o resultan mutilados. Estamos seguros que sus familiares también quisieran gritarle al gobierno, con el profesor Moncayo, que sus hijos no fueron paridos para la guerra de la oligarquía.
Para lograr el propósito de Colombia Nueva es necesario reorganizar el Estado sobre la base de la soberanía del pueblo, tal como lo concibió el Libertador en Angostura. A las tres ramas del poder público debemos agregarles los poderes moral y electoral, instituyendo la revocatoria del mandato en todas las instancias de elección popular. No más copias de leyes extranjeras para resolver nuestros asuntos internos. No más sistema penal acusatorio. Requerimos un nuevo gobierno que castigue ejemplarmente la corrupción y cierre espacios a la impunidad; que proscriba la política neoliberal causante de nuestras desgracias económicas y sociales. El país y el gobierno que soñamos deben asegurar el control de las ramas estratégicas, estimular la producción en sus diversas modalidades, hacer respetar nuestra soberanía sobre los recursos naturales. Hacer realidad la educación gratuita en todos los niveles, llevar justicia al campo con una verdadera reforma agraria que genere empleo y soberanía alimentaria, y sembrar la infraestructura del progreso nacional. Los contratos con las trasnacionales que sean lesivos para Colombia deben ser revisados, así como los pactos militares, los tratados y convenios que mancillen nuestra soberanía, anulados. En este mismo sentido el país no tiene por qué pagar la deuda externa en aquellos préstamos viciados de dolo en cualquiera de sus fases. Solución no militar ni represiva al problema social de la narco producción. Nuestra política internacional debe reorientarse hacia la integración solidaria de los pueblos de Nuestra América en la Patria Grande bolivariana, y el Socialismo.
La etapa definitiva de la lucha por la paz ha comenzado. El pueblo colombiano no puede aflojar hasta no ver concretado este derecho.
¡Con Bolívar, con Manuel, con el pueblo, al poder! Manuel vive en la lucha del pueblo colombiano.
Hemos jurado vencer, y venceremos.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP Montañas de Colombia, mayo de 2009
http://afpnoticias.blogspot.com/
POEMAS FARIANOS
Por Isaías Vargas
Calles y Montañas clandestinas de Pereira y Manizales. PCCC.
Continuidad
“Del alba de los olvidados, del sacrificio de la dignidad, del dolor hecho sangre y la cobardía traspirada en la noche, guerreros del arco iris combatiendo el silencio criminal, Cuando acallaremos las voces ausentes y gritaremos desde el vacio de la realidad, respiraremos patria y libertad en el tenue palpitar de un soneto de insurrección”.
Explosión y semilla
“Sangre derramada en nuestros cuerpos, el fulgor incandescente del miedo trasfigura sus formas en nuestra respiración, dilatación permanente de inconsciencias asesinando sueños; llorar, correr, gemir en el lamento eterno del dolor, del cansancio, del aire desdibujado entre explosiones incesantes. La explosión se vuelve un llanto de dignidad y de lucha, de permanecer inmóviles ante el huracán del sufrimiento, ante la perplejidad de la lágrima. La muerte nos persigue y no le huiremos, la muerte nos mira a los ojos mientras el corazón estalla en un grito libertario, moriremos juntos, tal ves, moriremos todos, es posible, pero nunca evitarán saber que moriremos con sangre en nuestras venas y tras el cráter de la criminal explosión germinaran semillas, que encontraran el camino para crecer como lo hicimos nosotros”.
A la historia 43 años
“¿Frustración en el silencio? los guerreros de la noche no descansan, son una legión inacabable de sueños de libertad, de interminables lágrimas de odio al vacio, al miedo, a la sumisión inaceptable de una verdad que no es nuestra, de un orden que nunca quisimos, de una imposición que nunca aceptaremos. En una masacre de utopías caerán los sueños rotos, ideales perdidos, los mercenarios de la palabra, los jardineros de la razón, quienes tendrán la cabeza en tierra cuando cae la tempestad y la niebla cubre la tarde. Un amorfo grito silencia la noche, una melancólica niebla penetra el aire del combate ¿Acaso es una pausa en medio de la batalla? ¿Un ritmo impuesto por quien no tiene pulsación? Suspiro en la aurora, punto, interrogante, coma, retumba la ansiedad, punto, 43 años sangre derramada en nombre de la dignidad, el tiempo se ensaña en no avanzar, pero “somos y seremos hombres y mujeres de largo aliento”, y por nuestras venas recorre la historia de la presencia viva de quien se nos fue y un camino que se niega a sucumbir sin antes haber vencido. 500, 180 o 43 años, cuando la lucha es por la libertad el tiempo es solo la antesala al triunfo. Nuestros sueños clandestinos no retroceden, resisten, y la resistencia es la llama que detonara la insurrección, los verdugos del pueblo, los espectros de la indiferencia, no tendrán tregua por que los guerreros de la dignidad derramaran hasta la ultima gota de su sangre, de su vida y de su alma clandestina, por un nuevo amanecer”.
Calles y Montañas clandestinas de Pereira y Manizales. PCCC.
Continuidad
“Del alba de los olvidados, del sacrificio de la dignidad, del dolor hecho sangre y la cobardía traspirada en la noche, guerreros del arco iris combatiendo el silencio criminal, Cuando acallaremos las voces ausentes y gritaremos desde el vacio de la realidad, respiraremos patria y libertad en el tenue palpitar de un soneto de insurrección”.
Explosión y semilla
“Sangre derramada en nuestros cuerpos, el fulgor incandescente del miedo trasfigura sus formas en nuestra respiración, dilatación permanente de inconsciencias asesinando sueños; llorar, correr, gemir en el lamento eterno del dolor, del cansancio, del aire desdibujado entre explosiones incesantes. La explosión se vuelve un llanto de dignidad y de lucha, de permanecer inmóviles ante el huracán del sufrimiento, ante la perplejidad de la lágrima. La muerte nos persigue y no le huiremos, la muerte nos mira a los ojos mientras el corazón estalla en un grito libertario, moriremos juntos, tal ves, moriremos todos, es posible, pero nunca evitarán saber que moriremos con sangre en nuestras venas y tras el cráter de la criminal explosión germinaran semillas, que encontraran el camino para crecer como lo hicimos nosotros”.
A la historia 43 años
“¿Frustración en el silencio? los guerreros de la noche no descansan, son una legión inacabable de sueños de libertad, de interminables lágrimas de odio al vacio, al miedo, a la sumisión inaceptable de una verdad que no es nuestra, de un orden que nunca quisimos, de una imposición que nunca aceptaremos. En una masacre de utopías caerán los sueños rotos, ideales perdidos, los mercenarios de la palabra, los jardineros de la razón, quienes tendrán la cabeza en tierra cuando cae la tempestad y la niebla cubre la tarde. Un amorfo grito silencia la noche, una melancólica niebla penetra el aire del combate ¿Acaso es una pausa en medio de la batalla? ¿Un ritmo impuesto por quien no tiene pulsación? Suspiro en la aurora, punto, interrogante, coma, retumba la ansiedad, punto, 43 años sangre derramada en nombre de la dignidad, el tiempo se ensaña en no avanzar, pero “somos y seremos hombres y mujeres de largo aliento”, y por nuestras venas recorre la historia de la presencia viva de quien se nos fue y un camino que se niega a sucumbir sin antes haber vencido. 500, 180 o 43 años, cuando la lucha es por la libertad el tiempo es solo la antesala al triunfo. Nuestros sueños clandestinos no retroceden, resisten, y la resistencia es la llama que detonara la insurrección, los verdugos del pueblo, los espectros de la indiferencia, no tendrán tregua por que los guerreros de la dignidad derramaran hasta la ultima gota de su sangre, de su vida y de su alma clandestina, por un nuevo amanecer”.
DE MINAS Y OTRAS FALACIAS
Por: Frente Urbano y Rural Jacobo Arenas.
Calles y Montañas del Eje Cafetero
La insurgencia surge debido a la violencia política, social, económica, cultural, étnica ejecutada por las clases dirigentes en alianza con los grandes sectores económicos hacia la población menos favorecida. Ricos y poderosos que intentan imponer sus intereses particulares sobre el sufrimiento de la mayoría de la población, reduciendo la democracia a un sofisma de distracción, más no a una participación del pueblo en la construcción del devenir del país.
Es por estas causas que nacen ciudadanxs que en búsqueda de dignidad, entregan sus vidas combinando todas las formas de lucha. Ya no sólo ven como el estado dispara guerra y miseria contra el pueblo, sino que nos levantamos regresándoles la violencia que han propagado por tantos años, abusando de su perverso poder. Indignación que se transforma en propuestas concretas para la construcción de un nuevo país que garantice la defensa de los derechos humanos como responsabilidad del estado; una política agraria integral, la libre autodeterminación de los pueblos; políticas frente a la explotación y conservación de los recursos naturales; revisión a los tratados económicos internacionales y el no pago de la “deuda externa”; garantías salariales y condiciones justas laborales; reforma a la justicia; lucha contra el narcotráfico, la corrupción y el paramilitarismo; reformas a las fuerzas armadas nacionales, del mismo modo a la estructura política, social y económica que sean necesarias. Todo ello con un propósito: una vida mejor para que cada unx de los colombianxs gocemos de paz, pan, tierra, justicia y dignidad.
Sin embargo, día a día vemos en los grandes medios de desinformación atrocidades que siempre las adjudican a nuestra organización, campañas que buscan aislarnos de la población, dejando una falsa imagen de lo que somos y por lo que luchamos.
Con frecuencia poderosos medios de desinformación hablan de población civil victima de minas antipersona puestas por las FARC-EP, lo que no se escucha es que es una organización dedicada a la causa de los pobres, con escasos recursos económicos pero con una convicción férrea, que ha superado operativos militares de arrasamiento como el Plan Laso en Marquetalia, la Operación Sonora en la cordillera Central, la operación Casa Verde, operación Destructor 1 y Destructor 2, Plan Patriota, y actualmente el Plan Colombia en el que han invertido 3.000 millones de dólares en una lucha anti-subversiva.
Las FARC-EP tenemos como característica aceptar nuestros errores, dificultades y aciertos, como humanistas nos duelen muchos hechos que intentamos evitar en recomendaciones dirigidas a la población civil, que se hacen necesarias en el panorama de nuestro país, que atraviesa un conflicto social y armado.
Como organización político-militar ponemos minas en zonas de combate, aprovechando al máximo cada munición, no es real que pongamos explosivos cerca de la población, de entrada es por el pueblo por quien luchamos y es por esto que recomendamos:
• Que la población civil no debe permitir que cuarteles, ya sean militares o de policía se refugien dentro de la población, claro ejemplo son cuarteles de policía que se encuentran en el centro urbano y al lado de hospitales, como es el caso de Pereira.
• La población civil debe mantenerse retirada de áreas de combate, no servir de guía a entidades de la fuerza pública en zonas rurales, de igual modo debe evitar ir acompañados de militares, ya sea en vehículos propios o en militares.
• La población civil debe abstenerse de brindar colaboración a la fuerza pública, ya sea delatando nuestrxs combatientes urbanos o rurales.
Proponemos a toda la población que sueña con un país soberano, en paz y con justicia social a unir esfuerzos por una salida política al conflicto interno que desangra cada día más a nuestro país, esa ha sido y seguirá siendo nuestra bandera y en esa vía hemos dado suficientes muestras de seriedad y decisión, con liberaciones unilaterales, y recientemente el nombramiento de Pablo Catatumbo, Carlos Antonio Lozada y Fabián Ramírez como delegados para diálogos con el gobierno como se anuncia en la última carta epistolar dirigida a Colombianos y Colombianas por la Paz, como infinidad de hechos que podríamos anunciar de parte nuestra, algo distinto han sido las acciones gubernamentales que reiteran guerra y traiciones.
La invitación es a entender que nuestro reto histórico ¡no es la guerra civil! Por el contrario soñamos y trabajamos por la paz, que solo será posible cuando las razones que causaron la guerra sean aniquiladas.
Calles y Montañas del Eje Cafetero
La insurgencia surge debido a la violencia política, social, económica, cultural, étnica ejecutada por las clases dirigentes en alianza con los grandes sectores económicos hacia la población menos favorecida. Ricos y poderosos que intentan imponer sus intereses particulares sobre el sufrimiento de la mayoría de la población, reduciendo la democracia a un sofisma de distracción, más no a una participación del pueblo en la construcción del devenir del país.
Es por estas causas que nacen ciudadanxs que en búsqueda de dignidad, entregan sus vidas combinando todas las formas de lucha. Ya no sólo ven como el estado dispara guerra y miseria contra el pueblo, sino que nos levantamos regresándoles la violencia que han propagado por tantos años, abusando de su perverso poder. Indignación que se transforma en propuestas concretas para la construcción de un nuevo país que garantice la defensa de los derechos humanos como responsabilidad del estado; una política agraria integral, la libre autodeterminación de los pueblos; políticas frente a la explotación y conservación de los recursos naturales; revisión a los tratados económicos internacionales y el no pago de la “deuda externa”; garantías salariales y condiciones justas laborales; reforma a la justicia; lucha contra el narcotráfico, la corrupción y el paramilitarismo; reformas a las fuerzas armadas nacionales, del mismo modo a la estructura política, social y económica que sean necesarias. Todo ello con un propósito: una vida mejor para que cada unx de los colombianxs gocemos de paz, pan, tierra, justicia y dignidad.
Sin embargo, día a día vemos en los grandes medios de desinformación atrocidades que siempre las adjudican a nuestra organización, campañas que buscan aislarnos de la población, dejando una falsa imagen de lo que somos y por lo que luchamos.
Con frecuencia poderosos medios de desinformación hablan de población civil victima de minas antipersona puestas por las FARC-EP, lo que no se escucha es que es una organización dedicada a la causa de los pobres, con escasos recursos económicos pero con una convicción férrea, que ha superado operativos militares de arrasamiento como el Plan Laso en Marquetalia, la Operación Sonora en la cordillera Central, la operación Casa Verde, operación Destructor 1 y Destructor 2, Plan Patriota, y actualmente el Plan Colombia en el que han invertido 3.000 millones de dólares en una lucha anti-subversiva.
Las FARC-EP tenemos como característica aceptar nuestros errores, dificultades y aciertos, como humanistas nos duelen muchos hechos que intentamos evitar en recomendaciones dirigidas a la población civil, que se hacen necesarias en el panorama de nuestro país, que atraviesa un conflicto social y armado.
Como organización político-militar ponemos minas en zonas de combate, aprovechando al máximo cada munición, no es real que pongamos explosivos cerca de la población, de entrada es por el pueblo por quien luchamos y es por esto que recomendamos:
• Que la población civil no debe permitir que cuarteles, ya sean militares o de policía se refugien dentro de la población, claro ejemplo son cuarteles de policía que se encuentran en el centro urbano y al lado de hospitales, como es el caso de Pereira.
• La población civil debe mantenerse retirada de áreas de combate, no servir de guía a entidades de la fuerza pública en zonas rurales, de igual modo debe evitar ir acompañados de militares, ya sea en vehículos propios o en militares.
• La población civil debe abstenerse de brindar colaboración a la fuerza pública, ya sea delatando nuestrxs combatientes urbanos o rurales.
Proponemos a toda la población que sueña con un país soberano, en paz y con justicia social a unir esfuerzos por una salida política al conflicto interno que desangra cada día más a nuestro país, esa ha sido y seguirá siendo nuestra bandera y en esa vía hemos dado suficientes muestras de seriedad y decisión, con liberaciones unilaterales, y recientemente el nombramiento de Pablo Catatumbo, Carlos Antonio Lozada y Fabián Ramírez como delegados para diálogos con el gobierno como se anuncia en la última carta epistolar dirigida a Colombianos y Colombianas por la Paz, como infinidad de hechos que podríamos anunciar de parte nuestra, algo distinto han sido las acciones gubernamentales que reiteran guerra y traiciones.
La invitación es a entender que nuestro reto histórico ¡no es la guerra civil! Por el contrario soñamos y trabajamos por la paz, que solo será posible cuando las razones que causaron la guerra sean aniquiladas.
Saludo de las FARC a la V Cumbre de las Américas
Trinidad y Tobago
Saludamos la V Cumbre de las Américas esperanzados en que los nuevos vientos que pregonan la solución diplomática de diversos conflictos alcancen esta parte del mundo y que las relaciones entre nuestros países y pueblos asuman una nueva dimensión en el marco de una multipolaridad genuinamente solidaria y pulcra en el respeto de la soberanía de las naciones.
El conflicto social y armado que azota a Colombia desde hace más de 60 años y que afecta la convivencia continental, hunde sus raíces en la secular dependencia colombiana de la metrópoli, la rapacidad de los terratenientes, los abismos sociales, así como también en la práctica sistemática del asesinato político que enloda la historia nacional desde las épocas de la conspiración septembrina contra el libertador Simón Bolívar en 1828, caso único en América Latina, donde la oligarquía ha hecho de la eliminación física de sus opositores una vergonzosa y permanente herramienta para perpetuarse en el poder.
La aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional desde mediados del siglo pasado, ahondó las diferencias internas y catapultó la violencia política institucional y para institucional generándose un alzamiento popular de resistencia que devino posteriormente en la conformación y consolidación de movimientos revolucionarios político-militares con propuestas programáticas para la construcción de un nuevo régimen que supere las injusticias y la barbarie y logre lanzar a nuestro pueblo hacia los horizontes de grandeza señalizados por el libertador.
Los cimientos del conflicto colombiano, son entonces, de carácter político-social y una estrategia de superación debe centrar esfuerzos en tal realidad.
Invitamos a esta V Cumbre a contribuir en la búsqueda de caminos civilizados de superación del conflicto colombiano y en lo inmediato, a la concreción de un acuerdo humanitario que posibilite un intercambio de prisioneros de guerra y trabaje por proteger a la población civil de los efectos de la confrontación militar.
Hacemos votos por avances significativos que terminen definitivamente con el infame bloqueo a la república de Cuba, por logros en los términos del intercambio privilegiando a los más débiles, por avances en la lucha contra el narcotráfico entendiendo el tema de la droga más como un fenómeno social y de salud pública que policial, así como medidas concretas que protejan la biodiversidad y el clima de la irracionalidad en boga.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, abril 15 de 2009
Saludamos la V Cumbre de las Américas esperanzados en que los nuevos vientos que pregonan la solución diplomática de diversos conflictos alcancen esta parte del mundo y que las relaciones entre nuestros países y pueblos asuman una nueva dimensión en el marco de una multipolaridad genuinamente solidaria y pulcra en el respeto de la soberanía de las naciones.
El conflicto social y armado que azota a Colombia desde hace más de 60 años y que afecta la convivencia continental, hunde sus raíces en la secular dependencia colombiana de la metrópoli, la rapacidad de los terratenientes, los abismos sociales, así como también en la práctica sistemática del asesinato político que enloda la historia nacional desde las épocas de la conspiración septembrina contra el libertador Simón Bolívar en 1828, caso único en América Latina, donde la oligarquía ha hecho de la eliminación física de sus opositores una vergonzosa y permanente herramienta para perpetuarse en el poder.
La aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional desde mediados del siglo pasado, ahondó las diferencias internas y catapultó la violencia política institucional y para institucional generándose un alzamiento popular de resistencia que devino posteriormente en la conformación y consolidación de movimientos revolucionarios político-militares con propuestas programáticas para la construcción de un nuevo régimen que supere las injusticias y la barbarie y logre lanzar a nuestro pueblo hacia los horizontes de grandeza señalizados por el libertador.
Los cimientos del conflicto colombiano, son entonces, de carácter político-social y una estrategia de superación debe centrar esfuerzos en tal realidad.
Invitamos a esta V Cumbre a contribuir en la búsqueda de caminos civilizados de superación del conflicto colombiano y en lo inmediato, a la concreción de un acuerdo humanitario que posibilite un intercambio de prisioneros de guerra y trabaje por proteger a la población civil de los efectos de la confrontación militar.
Hacemos votos por avances significativos que terminen definitivamente con el infame bloqueo a la república de Cuba, por logros en los términos del intercambio privilegiando a los más débiles, por avances en la lucha contra el narcotráfico entendiendo el tema de la droga más como un fenómeno social y de salud pública que policial, así como medidas concretas que protejan la biodiversidad y el clima de la irracionalidad en boga.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, abril 15 de 2009
A LAS AUTORIDADES INDIGENAS
Comunidad Awá. UNIPA, CANAWARI y ACIPAP.
Compatriotas y hermanos: los saludamos fraternalmente y a través de ustedes a toda la comunidad awá. Agradecemos sus comentarios, los términos de sus observaciones y propuestas contenidas en su carta fechada el 5 del presente mes. Sus apreciaciones facilitan las necesarias y urgentes aproximaciones entre nosotros.
Lamentamos sinceramente la muerte de los 8 integrantes de su comunidad el pasado 6 de febrero, en medio de los operativos y maniobras militares que el ejército oficial adelanta en el occidente del departamento de Nariño, en donde presiona a la población para utilizarla como escudo o como punta de lanza en las misiones de mayor riesgo, convirtiendo a los civiles en unidades de primera línea en la guerra, con todas las implicaciones que ello acarrea, mientras oficiales y soldados avanzan protegidos a sus espaldas.
Es parte de la estrategia uribista a nivel nacional que engaña con dinero a personas de los sectores más pobres, olvidados y necesitados del país, comprometiéndolos en labores de zapa, en un peligroso juego que pervierte la conciencia de muchos, pues siembra en la mente la fantasiosa filosofía del enriquecimiento fácil a cambio de la infame traición a sus familias, vecinos, compañeros, amigos, también oprimidos y explotados.
Ese infernal y sucio juego siempre termina mal porque el civil simplemente será carne de cañón.
Ni lo sucedido en Barbacoas el pasado 6 de febrero, ni nada parecido, puede volver a repetirse.
Hemos delegado a 3 comandantes, con la misión de razonar conjuntamente con ustedes hasta encontrar un escenario de mutuo respeto y comprensión, que cierre las puertas definitivamente, a cualquier manifestación de violencia en nuestra relación.
Los principios que sustentan la existencia de las FARC – EP consignados en El programa Agrario de los guerrilleros de Marquetalia reclaman respeto a las organizaciones indígenas, a su cosmovisión y cultura porque la causa indígena es la misma de las FARC - EP. Los enemigos de las reivindicaciones awá de "legitimidad, autonomía, unidad, cultura, territorio, identidad y gobierno propio" son la oligarquía que representa Uribe con su estrategia paramilitar de seguridad nacional, de olvido, abandono y exclusión, así como los terratenientes y las políticas imperiales estadounidenses. Los mismos que han hecho de toda Colombia una sociedad de abismales y crecientes diferencias. Su corrupción, rapacidad y violencia son el obstáculo a derrotar con la acción convergente de todos los explotados de nuestro país.
Confiamos que seremos capaces de superar estos difíciles momentos y proyectar hacia el futuro unas relaciones de absoluta fraternidad y solidaridad.
Cordialmente, reciban nuestro abrazo guerrillero,
Secretariado del EMC
FARC – EP
Compatriotas y hermanos: los saludamos fraternalmente y a través de ustedes a toda la comunidad awá. Agradecemos sus comentarios, los términos de sus observaciones y propuestas contenidas en su carta fechada el 5 del presente mes. Sus apreciaciones facilitan las necesarias y urgentes aproximaciones entre nosotros.
Lamentamos sinceramente la muerte de los 8 integrantes de su comunidad el pasado 6 de febrero, en medio de los operativos y maniobras militares que el ejército oficial adelanta en el occidente del departamento de Nariño, en donde presiona a la población para utilizarla como escudo o como punta de lanza en las misiones de mayor riesgo, convirtiendo a los civiles en unidades de primera línea en la guerra, con todas las implicaciones que ello acarrea, mientras oficiales y soldados avanzan protegidos a sus espaldas.
Es parte de la estrategia uribista a nivel nacional que engaña con dinero a personas de los sectores más pobres, olvidados y necesitados del país, comprometiéndolos en labores de zapa, en un peligroso juego que pervierte la conciencia de muchos, pues siembra en la mente la fantasiosa filosofía del enriquecimiento fácil a cambio de la infame traición a sus familias, vecinos, compañeros, amigos, también oprimidos y explotados.
Ese infernal y sucio juego siempre termina mal porque el civil simplemente será carne de cañón.
Ni lo sucedido en Barbacoas el pasado 6 de febrero, ni nada parecido, puede volver a repetirse.
Hemos delegado a 3 comandantes, con la misión de razonar conjuntamente con ustedes hasta encontrar un escenario de mutuo respeto y comprensión, que cierre las puertas definitivamente, a cualquier manifestación de violencia en nuestra relación.
Los principios que sustentan la existencia de las FARC – EP consignados en El programa Agrario de los guerrilleros de Marquetalia reclaman respeto a las organizaciones indígenas, a su cosmovisión y cultura porque la causa indígena es la misma de las FARC - EP. Los enemigos de las reivindicaciones awá de "legitimidad, autonomía, unidad, cultura, territorio, identidad y gobierno propio" son la oligarquía que representa Uribe con su estrategia paramilitar de seguridad nacional, de olvido, abandono y exclusión, así como los terratenientes y las políticas imperiales estadounidenses. Los mismos que han hecho de toda Colombia una sociedad de abismales y crecientes diferencias. Su corrupción, rapacidad y violencia son el obstáculo a derrotar con la acción convergente de todos los explotados de nuestro país.
Confiamos que seremos capaces de superar estos difíciles momentos y proyectar hacia el futuro unas relaciones de absoluta fraternidad y solidaridad.
Cordialmente, reciban nuestro abrazo guerrillero,
Secretariado del EMC
FARC – EP
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